Manuela Sáenz “La Libertadora de El Libertador” y amante eterna de Bolívar

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Qué señor mío este Simón para robar mis pensamientos, mis deseos, y mis pasiones. Lo amé en vida con locura, ahora que está muerto lo respeto y lo venero, por él sigo siendo libre...”

La llamaban despectivamente “La Sáenz”, los que no la querían, y como ella misma se llamaba para demostrar su desprecio por ellos y por las «preocupaciones sociales, inventadas para atormentarse mutuamente», según sus palabras.
“La libertadora”, “Amable loca”, “Manuelita la bella”, son otros de los calificativos con los que se le conoce a la mujer que acompañó a Bolívar en los últimos ocho años de su vida (1822-1830). Manuela se burló con pasión y desenfado de toda una sociedad puritana que le criticó su amor por El Libertador tal como lo han recreado dramaturgos, escritores y cineastas del mundo a quienes les ha llamado la atención la figura histórica de lo que representó Manuela Sáenz para Latinoamérica.
Manuelita combatió en la Batalla de Pichincha a su regreso del Perú y recibió el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador. Posteriormente combatió en la Batalla de Ayacucho, bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, quien le sugirió a Bolívar su ascenso a coronela, rango que le fue concedido. El 22 de mayo de 2007, en el marco de la conmemoración de la Batalla de Pichincha el Presidente de Ecuador Rafael Correa le concedió a Sáenz el grado de Generala de Honor de la República de Ecuador.

Manuela emerge con relevancia no sólo como amante sino como patriota durante la etapa de la revolución cuando se desataron las fuerzas reaccionarias de las oligarquías colombiana, venezolana y ecuatoriana que culminaron con el atentado contra el Libertador el 25 de septiembre de 1928.
Una noche, en su alcoba del Palacio de San Carlos en Bogotá, con un terrible resfriado Simón Bolívar, manda a buscar a Manuela Sáenz, con su mayordomo José Palacios.
Al llegar a la habitación comenta a la coronela Sáenz: Esta mañana me enteré, que Santander es el jefe de una conspiración contra mí, lo nombré embajador en Estados Unidos, a los que Manuela contesta, esta gente es bien malagradecida. Están furiosos contigo porque saliste de Santander.

Esa noche de septiembre, de pronto se escuchan gritos de alarma que venía desde la calle, producto de un tropel de gente armada corría hacia la habitación del Padre de la Patria. Manuela le dice “Corre Simón. Vienen a matarte salta a la calle por el balcón”.
Bolívar, al huir del Palacio de San Carlos, se refugia bajo el puente de San Agustín. El agua helada le llega hasta la cintura. Grupos de gente armada pasan sobre donde él está, dando mueras a su nombre. Una descarga cerrada en el otro extremo hace huir a sus enemigos.
Son tropas adictas que dan vivas al Libertador. Sale de su escondite, pide un caballo y, rodeado por las fuerzas leales, llega al Palacio de San Carlos. Llama a Manuela y le dice: ¡Manuela! Eres desde ahora la Libertadora del Libertador.

Manuela, la mujer

Manuela Saenz nació en la ciudad de Quito, el 27 de diciembre de 1797. Hija del hidalgo español Simón Sáenz Vergara y de la criolla María Joaquina de Aispuru, quien fue enviada a la hacienda Cataguango, propiedad de los Aispuru, en la que, al parecer, murió el día que nació Manuela o, según otras versiones, solo sobrevivió dos años más, por lo cual la niña fue entregada al convento de las monjas conceptas, en el que pasó sus primeros años.

Luego de haber completado su educación pasó al monasterio de Santa Catalina de Siena (Quito), para concluir así con la formación que en ese tiempo se impartía a las señoritas de las más importantes familias de la ciudad. En ese lugar, aprendió a bordar, a elaborar dulces y a comunicarse en inglés y francés, habilidades y labores.
A los 17 años de edad, huyó del convento, en un episodio del que se sabe pocos detalles y del cual ella no hablaba, pues al parecer fue seducida y luego abandonada por Fausto D”Elhuyar oficial del Ejercito Real, sobrino de Juan José e hijo de Fausto Elhúyar (los descubridores del tungsteno).
Manuela conoció en Quito 1816, a James Thorne, acaudalado médico inglés 26 años mayor que ella, y Simón Sáenz, por razones de conveniencia, pactó su boda para julio de 1817, logrando incluirse en los círculos aristocráticos del Perú. Manuelita conoció a Roza Campusano, quien la insertó en las actividades políticas en una época de descontento contra las autoridades españolas.
Esto impulsó a Manuela para brindar su apoyo (sin conocerlo aún) a la causa de Bolívar de liberar la Nueva Granada y de San Martín por independizar el Perú . Entre sus primeras acciones estuvo el contribuir al cambio hacia las filas patriotas del batallón realista “Numancia”, del cual formaba parte su hermano José María.

Amantes eternos

Durante la entrada triunfal de Simón Bolívar a Quito, el 16 de junio de 1822, Manuela Sáenz de Thorne lo ve por primera vez, en un evento narrado por ella en su diario de Quito: “Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tome la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en le pecho de S.E. Me ruboricé de la vergüenza, pues El Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S.E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano …”.

Ya roto el sueño de la unidad y luego de abandonar la presidencia de Colombia el Libertador decide abandonar la tierra colombiana y refugiarse en el exterior. Bolívar ya enfermo y agotado por las mil traiciones ordena a Manuela no seguirlo y ella en fiel cumplimiento de su respeto por el Libertador cumple su orden.

Muerte y destierro

En los últimos días de 1830, Manuela intenta llegar a Santa Marta para cuidar la salud de Bolívar, pero sólo llegó hasta Honda, donde recibió la noticia del fallecimiento de Bolívar por una carta de Louis Peru de Lacroix: «Permítame usted, mi respetada señora, llorar con usted la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y que habrá sufrido toda la república, y prepárese usted a recibir la última fatal noticia» (18 de diciembre de 1830). Desde este momento, Manuela perdió su objetivo en la vida y la persecución no cedió.
El 1 de enero de 1834 Santander firmó el decreto que la desterró definitivamente de Colombia. Fue a Jamaica y luego a Guayaquil, a donde llegó en octubre de 1835, pero el gobierno de Ecuador no la quería, así que viajó, entonces, a Paita, un puerto en el desierto peruano sin agua y sin árboles.Donde, en un desvencijado edificio, se leía: «Tobbaco. English spoken. Manuela Sáenz». Sumida en la pobreza que la acompañó durante los últimos años, y finalmente también la invalidez.

En noviembre de 1856 el puerto de Paita es asolado por una epidemia de difteria. La peste se propaga con tal virulencia que la mayor parte de la población sucumbe. En casa de Manuela, todas se enferman. Jonathás, quien fuera su sirvienta y compañera desde la niñez en travesuras y campañas militares, muere el 23 de noviembre de 1856. Pocas horas después Manuela Sáenz la Libertadora del Libertador cierra sus ojos para siempre.

Film Manuela Sáenz con Beatriz Valdez y Mariano Alvarez, de Diego Rizquez (Youtube)
Obra de teatro El Amor de la Coronela, con la actriz Liliana González (gráfica) Wilkipedia Manuela Sáez,
Montaje de foto central Medelhi´s Blog

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