Huanlong, Dragón Amarillo del Desierto de Gobi cubre con tormenta de arena a Pekin

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Huanlong, el Dragón Amarillo denominado así al que atribuye las frecuentes tormentas en China, cubriendo las ciudades de arena, ha regresado a Pekín. La arena amarilla – arena fina proviniente del Desierto del Gobi de Mongolia que a veces contiene residuos químicos emitidos por factorías Chinas – suele llegar a Corea del Sur y Japón en primavera, produciendo desórdenes respiratorios.
En Tokio, el Ministro de Medioambiente Ichiro Kamoshita pidió a Pekín que proporcionara mayor información.Los 3 países afectados han comenzado a unir esfuerzos para investigar este fenómeno. El ministerio de medioambiente japonés ha comenzado a colgar datos y previsiones sobre las oleadas de polvo en Internet, pero, según Japón, China no ha querido revelar sus propios datos y ha pedido – en la línea habitual del gobierno de este país de ocultación de información -a los otros 2 países que mantengan los resultados de sus investigaciones ocultos a la opinión pública.
Las autoridades pretenden combatirlo: bombardearán las nubes con yoduro de plata para que provoquen la lluvia y despejen la ciudad del manto de polvo. La tormenta, procedente del desierto del Gobi avanzando a 2.460 kilómetros cuadrados anuales, la erosión de la tierra se ha acelerado en la vecina región de Mongolia debido a la proliferación de granjas de ganado.
Aunque las autoridades habían conseguido últimamente reducir este fenómeno meteorológico reforestando cada año 7.585 kilómetros cuadrados y plantando una Gran Muralla verde de 4.480 kilómetros, los vendavales de tierra azotan de nuevo el norte del país, donde ya han muerto tres personas.
Según el Centro Meteorológico de Pekín, sobre esta megaurbe cayeron el lunes 20 gramos de polvo por metro cuadrado, lo que supone la friolera de 336.000 toneladas de arena en un solo día. Con los edificios, coches y calles alfombrados por la tierra, en la atmósfera todavía flotaba ayer una nube rojiza que ha provocado la alarma sanitaria y ha llevado al Gobierno a recomendar el uso de mascarillas, y que los niños y ancianos se queden en casa.

Y es que la densidad de polvo acumulado en el ambiente ha agravado los problemas respiratorios de los pequineses, que han triplicado sus visitas a los hospitales aquejados por picores en la garganta, tos e irritación en los ojos. Además, las tormentas, las más grandes del último lustro, han agravado la contaminación que sufre Pekín, donde el humo de las fábricas y el polvo que liberan las obras en construcción han generado una neblina grisácea que impide que se vea el sol.

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