El Papa Benedicto XVI oró por las víctimas del Holocausto, durante su visita a Israel

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Benedicto XVI encendió la hoy la llama del recuerdo en el Yed Vashem de Jerusalén y dedicó unos segundos a la oración por las víctimas del Holocausto e impuso una corona de flores al pie de la llama. El Papa fue recibido por el presidente del Yad Vashem, Avner Shalev, y recorrieron juntos el perímetro del monumento conmemorativo para entrar a continuación en la Sala del Recuerdo, donde fue recibido por el presidente de Israel, Simon Peres, el representante de la Knesset (Parlamento) Ruben Rivlin y el Gran Rabino Lau.israelfotonoticia_20090511194105
Además, durante el acto saludó a seis supervivientes del Holocausto mientras un portavoz contaba la historia de cada uno de ellos y de sus familias. Después, Benedicto XVI pronunció un breve discurso de condena. “He venido aquí para orar en silencio delante de este monumento, erigido en honor de la memoria de los millones de hebreos asesinados en la horrible tragedia de la Shoah”, dijo.
A su juicio, “se puede robar a los vecinos sus posesiones o quitarles la libertad, se puede construir una red de mentiras insidiosas para convencer a otros de que algunos grupos no merecen ningún respeto, pero nadie puede usurpar el nombre de otro ser humano”.
En relación a las víctimas, afirmó que “su sufrimiento no puede ser negado, olvidado o disminuir”. “Concierne a todas las personas de buena voluntad vigilar para erradicar del corazón del hombre cualquier cosa capaz de producir tragedias como éstas”, dijo.
Benedicto XVI quiso dejar clara la posición de la Iglesia ante “todo sufrimiento injusto” de los hombres, en referencia al Holocausto, y destacó que la Iglesia católica, que hace suyas las enseñanzas de Jesús e intenta imitar su amor por cada persona, “siente profunda compasión por estas víctimas”. De la misma manera, aseguró que la institución “siempre está” junto a los que hoy son objeto de persecución por motivos de raza, color, condición o religión.
“Como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, reafirmo, como mis predecesores, el compromiso de la Iglesia de rezar y trabajar sin descanso para garantizar que el odio nunca reine en los corazones de los hombres. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob es el Dios de la paz (cf. Sal 85,9)”, resaltó.

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