23 de enero de 1958: el Día que Venezuela dijo ‘No’ a la Dictadura

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Consagración de la Primavera (Tema de Estefanía)-Igor Stravinsky

La caída de la dictadura de Pérez Jiménez marcó el comienzo de uno de los períodos más interesantes de la historia contemporánea de Venezuela. Después del 23 de enero de 1958 asumió el poder la Junta De Gobierno que dirigió el proceso político del país hacia el establecimiento de un régimen constitucional.El 23 de enero de 1958 se considera un triunfo del pueblo. Ese día, turbas enardecidas salieron a las calles, en todo el país, a celebrar la caída del régimen y a tratar de acabar con los funcionarios que se habían ensañado en la persecución política durante toda la década.

Miembros de la terrorífica Seguridad Nacional fueron linchados; otros se escondieron por largo tiempo o escaparon al exterior. Venezuela ya no tuvo que padecer del régimen autoritario de Pérez Jiménez que fue consagrado por el texto de la Constitución del 15 de abril de 1953 y, amparado en la arbitrariedad, que se hizo confirmar Presidente hasta 1963, pero su gesto exasperó los ánimos populares hasta la insurrección del el 23 de enero de 1958 el dictador era depuesto, y en su lugar tomaba el poder una Junta presidida por el Contraalmirante Wolfgang Larrazábal.

El Dictador huyó rumbo a República Dominicana protegido por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, para posteriormente trasladarse a los Estados Unidos junto a su familia. Pocas veces se había dado en Venezuela un ambiente de euforia como el del 23 de enero de 1958. Los periódicos dan rienda suelta a los titulares represados por diez años de censura: disfru¬tan a plenitud de la libertad de expresión y comienzan a contar la historia oculta de los diez años. Se hacen protestas de unidad, abundan los golpes de pecho, los propósitos de enmien¬da, las autocríticas de los sectores democráticos. Tal es la euforia que durante años se conti¬núa hablando del “espíritu del 23 de enero”, como de un momento excepcional en la políti¬ca del país.

Los hechos
El 21 de enero comienza una huelga de prensa y horas después de ésta la huelga general con-vocada por la Junta Patriótica. El 22 se reúnen altos jefes militares en la Academia Militar para considerar la situación. Sus deliberaciones concluyen formando una Junta Militar de Gobierno que pide la renuncia a Pérez Jiménez. Derrocado en la madrugada de ese 23 de enero, viajó a la República Dominicana en «La Vaca Sagrada».
Dentro de las Fuerzas Armadas los sectores más institucionalistas veían con preocupación el creciente poder del aparato policial represivo del dictador. Esto significaba pérdida de prestigio en la institución armada que aparecía comprometida de hecho con los desmanes del régimen.

El primero de enero de 1958 se produjo el primer intento de rebelión militar contra Pérez Jiménez. El movimiento encabezado por el Coronel Hugo Trejo contó con la participación de un buen número de oficiales de la guarnición de Caracas y de Maracay, principalmente de la Fuerza Aérea. Este levantamiento militar fracasó y sus principales dirigentes fueron detenidos por el gobierno. Sin embargo, a partir del primero de enero la crisis interna de la dictadura se hizo cada día más grave. Se produjeron nuevos brotes insurreccionales en las fuerzas armadas y el movimiento popular se manifestó con más vigor en la lucha contra el dictador. Se acentuó la represión; las cárceles se llenaron de presos políticos; fueron cerrados los liceos y reprimido el movimiento estudiantil. Pero el movimiento popular iba en ascenso. Densos sectores sociales se incorporaban activamente a la lucha: intelectuales, médicos, abogados, profesores, ingenieros, suscriben manifiestos de denuncia contra el régimen. En las calles se suceden manifestaciones y mítines.
A mediados de enero la Junta Patriótica llamó a la huelga general para el día 21. El paro se cumplió a cabalidad y en muchos sitios de Caracas se produjeron enfrentamientos con las fuerzas del gobierno. En la noche del día 22, la Marina de Guerra y la Guarnición de Caracas se pronunciaron contra la Dictadura; y Pérez Jiménez, privado de todo apoyo en las Fuerzas Armadas, huyó en la madrugada del 23 de enero, rumbo a Santo Domingo

La resistencia
Durante el gobierno de Pérez Jiménez los sectores de beligerancia política se mantuvieron activos, tanto en el país como en el exterior: estudiantes, intelectuales, políticos, la Iglesia, los exiliados, la gente en las barriadas y los obreros rechazaron al régimen, a pesar de la represión.
La oposición en el exterior se fue conformando por los exiliados que se encontraban en México, Chile, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Bolivia, Trinidad, Argentina, Uruguay, Cuba, España, Italia, Francia y Estados Unidos. Por su parte, el PCV tenía dos medios divulgativos impresos: en el exterior, Noticias de Venezuela, y en la clandestinidad, Tribuna Popular. AD divulgaba sus opiniones a través de Venezuela Democrática y en el exterior, a través de Resistencia.

Mientras tanto el gobierno trabajaba de forma persistente en el aislamiento político de la disidencia. Los detenidos eran enviados a las cárceles modelo, a la penitenciaría de San Juan de los Morros, El Obispo, la Cárcel Nueva de Ciudad Bolívar y las de Trujillo y Anzoátegui, entre otras.
La Seguridad Nacional fue el instrumento de represión y control de la dictadura. Dos personajes emblemáticos de esta realidad fueron Pedro Estrada y Jesús Faría. El primero porque era el director de dicho organismo y, por ende, su nombre infundía temor en la población. Jesús Faría, por su parte, era sinónimo de la resistencia toda vez que estuvo preso desde mayo de 1950 hasta enero de 1958. A manos de la Seguridad Nacional perecieron miles de venezolanos, entre ellos Alberto Carnevalli, Antonio Pinto Salinas y Leonardo Ruiz Pineda.

La Pastoral clandestina
La Iglesia católica abrió las puertas a los movimientos sociales que sustentaron el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, cuando el Arzobispo de Caracas, Monseñor Doctor Rafael Arias Blanco, emitió una Carta Pastoral que debía ser leída en todas las Iglesias de Venezuela el 1 de mayo de 1957, con motivo del Día del Trabajador.
Arias Blanco organizó el Congreso Eucarístico Bolivariano, fundó el Secretariado de Acción Social (Cháritas) y presidió la Unión misional del Clero, así como el Proyecto de Ley de Reforma Agraria. Su inquietud y sensibilidad social lo llevaron a cuestionar y enfrentarse al gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, motivo por el que fue conocido como el Arzobispo de la Resistencia.
En tal sentido, el 1 de mayo leyó una carta pastoral, redactada por el obispo Feliciano González Ascanio, en la cual se analizaba la creciente oposición popular al régimen. Redactada en lenguaje sobrio pero enérgico, señaló con estadísticas de las Naciones Unidas y observaciones propias, el proceso de empobrecimiento de los trabajadores venezolanos, condenó el latrocinio, los atropellos y el allanimiento de miles de hogares por parte de la Seguridad Nacional. Asimismo, en la pastoral se abogaba por la defensa de la clase obrera, afirmando: “… Para mejorar la condición de los trabajadores, nuestra legislación social debe proponerse: la consagración del salario vital obligatorio y la institución igualmente nacional de una política de prestaciones familiares, pues se trata de dos conquistas logradas ya en muchas naciones cristianas del mundo occidental…” Un texto inusualmente comprometido con la realidad sociológica de aquella Venezuela, donde critica la pobreza de los trabajadores en un país camino a la riqueza, donde critica por igual el socialismo y el capitalismo, donde aboga por la aplicación de la doctrina social de justicia y paz de la Iglesia Católica. La Carta fue combatida duramente por el régimen del dictador, pero circuló clandestinamente entre quienes deseaban un sistema de igualdades democráticas.
En uno de los párrafos finales de esta Carta Pastoral de casi cinco páginas, Monseñor Arias Blanco cita al Papa Pío XII: “No es en la revolución, sino en una evolución armónica donde está la salvación y la justicia. La violencia nunca ha hecho más que derribar en vez de levantar; encender las pasiones en vez de calmarlas; acumular odios y ruinas, en vez de hermanar a los combatientes, y ha lanzado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, tras dolorosas pruebas, sobre las ruinas de la discordia”.
El escritor colombiano y Premio Nóbel de Literatura Gabriel García Márquez, se refirió así a la acción del Arzobispo de Caracas Mons. Rafael Arias Blanco: ´Desde las solemnes naves de la Catedral Metropolitana hasta la destartalada Iglesia de Mauroa, en el territorio federal amazónico, la voz de la Iglesia, una voz que tiene 20 siglos, sacudió la conciencia nacional y encendió la primera chispa de la subversiónª. Una voz vigente, que no ha dejado de alzarse, a favor de la justicia y la libertad.
En definitiva esta pastoral confortó el ánimo y la moral de la resistencia popular y aceleró el proceso que culminó el 23 de enero de 1958 con la caída del gobierno de Pérez Jiménez.

Acta Constitutiva 1958
Las Fuerzas Armadas Nacionales en atención al reclamo unánime de la nación y en defensa del supremo interés de la república, que es su principal deber, han resuelto poner término a la angustiosa situación política porque atravesaba el país a fin de enrumbarlo hacia un Estado democrático de Derecho y en consecuencia

Acuerda:

Artículo 1º. Se constituye una Junta Militar de Gobierno integrada par cinco miembros, a saber: contralmirante Wolfgang Larrazábal, coronel Abel Romero Villate, coronel Roberto Casanova, coronel Carlos Luis Araque y coronel Pedro José Quevedo.

La presidencia de la Junta la ejercerá el contralmirante Wolfgang Larrazábal.

Artículo 2º. La Junta así constituida asumirá todos los poderes del Estado, y por lo tanto, ejercerá el poder ejecutivo de la nación mientras se organizan constitucionalmente los poderes de la república, dentro de las pautas del artículo 3º.

Artículo 3º. Se mantiene en plena vigencia el ordenamiento jurídico nacional, en cuanto no colida con la presente Acta Constitutiva y con la realización de los fines del nuevo gobierno, a cuyo efecto la Junta Militar dictará, mediante Decreto refrendado por el gabinete ejecutivo, las normas generales y particulares que aconseje el interés de la república, inclusive las referentes a nueva organización de las ramas del poder público (SIC).

Artículo 4º. Las resoluciones, actos, decretos y demás providencias que la Junta acordare en ejercicio de sus altas atribuciones, serán tomadas por mayoría.
Acta Constitutiva de la Junta Militar de Gobierno, 23 de enero de 1958.

Pacto de Punto Fijo
Aunque en la actualidad los nuevos actores políticos se refieran al “puntofijismo” de manera peyorativa, el Pacto de Punto Fijo funcionó como un mecanismo que permitió la estabilización del sistema político venezolano por espacio de cuarenta años. Por otra parte, dicho acuerdo obedeció a circunstancias históricas muy específicas. Luego del derrocamiento del régimen de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, el peligro de una nueva dictadura militar se convirtió en una amenaza permanente para el establecimiento de la democracia. En tal sentido, la Junta de Gobierno presidida por Wolfang Larrazábal, tuvo que enfrentar dos intentos fallidos de Golpe de Estado. El primero llevado a cabo por Jesús María Castro León (Ministro de Defensa de la Junta de Gobierno), el 23 de julio de 1958. El segundo, liderado por los oficiales José Ely Mendoza y Juan de Dios Moncada Vidal, el 7 de septiembre de 1958; el cual buscaba impedir la realización de las elecciones a fines de ese año.
Ante tales circunstancias, Rómulo Betancourt propuso el Pacto de Punto Fijo, el cual no era sino la prolongación de conversaciones sostenidas en Nueva York, entre Betancourt, Caldera y Villalba, durante su exilio; con el fin de garantizar un compromiso entre AD, COPEI y URD para gobernar.
El 31 de octubre de 1958, se firmó en la Quinta “Punto Fijo”, propiedad de Rafael Caldera, el acuerdo entre AD, COPEI y URD, siendo excluido el PCV (Partido Comunista Venezolano). Los signatarios del Pacto de Punto Fijo se comprometían a actuar conjunta y solidariamente en torno a tres aspectos:
1. defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral: se explica allí que, cualquiera que fuese el partido que ganase las elecciones, los otros dos se opondrían al uso de la fuerza para cambiar el resultado;
2. gobierno de unidad nacional: se formaría un gobierno de coalición y ninguno de los tres partidos tendría la hegemonía en el gabinete ejecutivo;
3. los tres partidos se comprometían a presentar ante el electorado un programa mínimo común.
El respeto al Pacto de Punto Fijo, por parte de los firmantes, permitió que se realizaran las elecciones del 7 de diciembre de 1958, resultando electo Presidente de la República, Rómulo Betancourt. Sin embargo, a fines de 1960 URD abandonó la coalición de gobierno, lo que posteriormente daría paso al Bipartidismo AD-COPEI, el cual caracterizaría al sistema de partidos venezolano hasta 1993.
En síntesis, si bien no era totalmente inédito en la historia venezolana un pacto o “fusión”, el Pacto de Punto Fijo constituyó el ejemplo más acabado de formalización e institucionalización de las reglas de juego, llevado a cabo durante toda la historia política de Venezuela.

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